Para analizar los desastres naturales que han afectado al continente europeo a lo largo de la historia, es conveniente comenzar estudiando las características del terreno en el que se encuentra situado.

La litosfera está fragmentada en una serie de placas que se desplazan por el manto terrestre.  Es en los bordes de estas placas, donde se concentran principalmente las actividades tanto sísmicas como volcánicas, que pueden derivar en grandes desastres naturales, de los que hablaré más adelante.

Entre las principales placas tectónicas del mundo se encuentra la placa Euroasiática, integrada por Europa, la mayor parte de Asia y la zona oriental del océano Atlántico. La placa Euroasiática limita con las siguientes placas: al norte con la placa Norteamericana, al sur con la placa Africana, la placa Arábiga y la placa Indoaustraliana, al este con la placa Pacífica, la placa Filipina, la placa de Okhotsk y la placa Amuria, y al oeste tiene un borde divergente con la placa Norteamericana, que origina la dorsal Atlántica.

No hace mucho, en el año 2003, se aprobó el primer mapa unificado de peligrosidad sísmica de Europa. Fue desarrollado por el Instituto de Ciencias de la Tierra “Jaume Almera” del CSIC. El mapa constata que las zonas de mayor peligrosidad sísmica se localizan en el sur de Italia, la cordillera Alpina, la costa adriática, Grecia y Turquía.

Este trabajo de investigación, que llevó cinco años, es una gran contribución para minimizar el impacto devastador de los grandes terremotos, ya que señala las zonas de mayor peligro para que se evite la población, o en su defecto, la superpoblación, y se extreme el rigor en la construcción de edificios.

Para hablar de desastres naturales, es conveniente precisar a qué nos referimos. Los desastres naturales, no se reducen sólo a terremotos, volcanes, huracanes… Las sequías, las olas de calor, las inundaciones, los deslizamientos de tierra o los incendios forestales también se consideran desastres naturales, ya que provocan fuertes impactos, tanto medioambientales, como sociales y humanos.

A continuación voy a hablar de los desastres naturales más importantes en la historia de Europa, pero sobre todo me centraré en los acontecidos en los últimos años. El motivo es que cuanto más recientes sean dichos desastres, serán más los datos y valoraciones científicas con los que contaremos. Gracias a los avances tecnológicos y científicos, en la actualidad disponemos de numerosos métodos de previsión, de predicción y de prevención. A día de hoy, muchos de estos desastres son por tanto razonablemente  predecibles, aunque si es cierto que la mayoría de ellos inevitables. Sin embargo, muchas veces está en nuestra mano poder minimizar sus efectos.

En relación con los avances científicos y tecnológicos, y en consecuencia los métodos desarrollados que se acaban de mencionar, podemos situar una cuestión que nos venimos planteando en los últimos años: ¿Hasta qué punto pude evitarse un desastre natural (mediante los métodos mencionados), y por tanto sus devastadoras consecuencias?, es decir, ¿cuándo un desastre natural pude haberse producido por una negligencia humana, o cuándo ha visto agravadas sus consecuencias debido a la mala actuación del hombre?. En resumen, cómo se puede valorar que un desastre natural pueda llegar a considerarse “desastre humano”.

Por otro lado, también trataré algunos desastres provocados meramente por fallos humanos, pero con graves consecuencias medioambientales y humanas. Dentro de este tipo de desastre se incluirían, por ejemplo los vertidos de petróleo en el mar, también conocidos como Mareas Negras, o los desastres nucleares.

El primer destre natural que analizaré a continuación, es el Terremoto de Lisboa, que tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755. El seísmo provocó la muerte de alrededor de 100.000 personas, naturalmente, los efectos del temblor provocaron las peores consecuencias en Lisboa, con cerca de 90.000 fallecidos. Sin embargo, los efectos devastadores de la catástrofe también se dejaron sentir en España y Marruecos. Los geólogos, a día de hoy, estiman que la magnitud del terremoto fue de en torno a 9 grados en la escala de Richter.

Esta catástrofe se caracteriza por ser considerada una de las peores de toda la historia en Europa. El desastre, lejos de terminar sólo con el terremoto, se vio agravado por un tsunami, originado como a consecuencia del terremoto. Además, la ciudad e Lisboa se vio afectada por numerosos incendios, lo que provocó la destrucción casi total de la ciudad. El terremoto tuvo tal repercusión, que sus efectos fueron los primeros en estudiarse científicamente. De esta manera, se pude decir que el terremoto de Lisboa marco el inicio de la sismología.  A día de hoy, el terremoto de Lisboa sigue siendo un gran misterio, ya que los seísmos de tal magnitud y duración se suelen originar en áreas de destrucción de corteza oceánica o de subducción.

Ahora hablaré de otro terremoto, esta vez en Turquía, y ya mucho más reciente. El 17 de agosto de 1999 la placa tectónica de Anatolia se desplazo a lo largo de la falla que la separa de la placa Euroasiática. El seísmo fue de magnitud 7,4 en la escala de Richter. Para comprender su magnitud, cabe decir que la cantidad de energía liberada fue similar a 132 bombas atómicas. La cifra de víctimas mortales superó los 17.000. El seísmo sacudió la ciudad de Izmit, aunque los efectos del temblor también se dejaron sentir en ciudades como Estambul, la capital Ankara, Adapazari y Bursa.  El terremoto apenas duró 45 segundos, pero dejó tras de sí un reguero de destrucción: además de la elevada cifra de fallecidos, el terremoto  provocó más de 400.000 heridos, 329.000 edificios destruidos, y más de medio millón de medio millón de personas sin hogar.

Es evidente que los efectos del terremoto fueron devastadores, pero es necesario preguntarse si los efectos hubieran sido los mismos si el país estuviera preparado, si se hubieran tomado las medidas de previsión necesarias. Según los expertos, parece que no, ya que a día de hoy, todavía coinciden en que no están lo suficientemente preparados para desastres de semejante magnitud.

 Los único edificios que no sufrieron ningún daño como consecuencia del seísmo, fueron los construidos para el ejército para su personal, lo que puso en evidencia las pésimas condiciones en las que se edifican viviendas en Turquía; algunas de ellas porque son constantemente modificadas por sus inquilinos y otras por el ahorro de costes de las constructoras. Después de la catástrofe, más de 6.000 personas fueron juzgadas por negligencias, e incluso e l constructor Veli Göçer fue condenado a prisión. Este constructor llegó a afirmar, que el culpable de las muertes es el Estado turco, ya que son ellos quienes conceden las licencias y quienes aprueban las leyes del sector.

A modo de conclusión, es necesario decir que, se podría haber evitado una parte significativa de los daños si los Códigos de construcción locales se hubieran implementado con eficacia. El 94% de territorio de Turquía es considerado zona de alto riesgo, pero entonces por qué no se aplicaron los métodos de prevención necesarios, por qué la mayoría de edificios no están diseñados ni construidos adecuadamente para que su estructura pueda resistir terremotos.

Otro tipo de desastres naturales son las erupciones volcánicas. El Monte Vesubio es un volcán en activo, con una altura de 1.871 metros, situado frente a la bahía de Nápoles, en Italia. Destaca por ser considerado uno de los volcanes más peligrosos del mundo, ya que al estar situado  a tan sólo nueve kilómetros de la ciudad de Nápoles, en sus alrededores viven unas tres millones de personas; se trata de la zona volcánica más densamente poblada del mundo. Además, todas sus erupciones han sido especialmente violentas, y es el único volcán situado en la zona continental de Europa que ha sufrido erupciones a lo largo del siglo XX. Pero sin duda, el Vesubio es famoso por su erupción el 24 de agosto del año 79, en la que las ciudades de Pompeya y Herculano fueron sepultadas. Se redescubrieron en el siglo XVI y adía de hoy, ambas ciudades son emplazamientos arqueológicos que permiten investigar la cultura romana.

Otra erupción devastadora tuvo lugar en plena Segunda Guerra mundial, el 17 de marzo de 1944. Debido a la erupción las poblaciones de San Sebastiano el Vesubio, Masssa di Somma y parte de San Giorgio en Cremano fueron destruidas. La mayoría de la población pudo ponerse a salvo a pesar de su proximidad al volcán, porque desde el día 13 de marzo ya se sabía que el volcán entraría en erupción.

Para posibles erupciones en el futuro, ya que es uno de los volcanes más activos del mundo, hay elaborado un plan de emergencia, concebido para una duración de entre dos semanas y veinte días. Se prevé la evacuación de 600.000, personas aproximadamente, todas ellas residentes en la conocida como “zona roja”, dado el enorme riesgo de los flujos piroclásticos. Sin embargo, se ha planteado un dilema en torno a la evacuación: si esta se anticipa demasiado podría ser sólo una falsa alarma, como ya ocurrió en 1984, pero si la evacuación comienza con retraso podría morir gente. Por este motivo, los esfuerzos van encaminados a reducir el número de población en la “zona roja”, demoliendo las edificaciones construidas ilegalmente, y estableciendo un parque nacional en torno a los lados superiores del volcán. Además, se ofrecen beneficios fiscales.

La última erupción de un volcán en Europa, fue la del Eyjafjallajokull, que se encuentra en Islandia. El volcán entró en erupción el 14 de abril de 2010, arrojando ceniza volcánica a la atmósfera y formando una enorme nube que se extendió por un área de miles de kilómetros cuadrados. El 15 de abril el tráfico aéreo se interrumpió en el noroeste de Europa y miles de vuelos fueron cancelados.

A pesar de ser una decisión polémica, según un estudio, el cierre del tráfico aéreo pudo salvar muchas vidas. El motivo es que la nube de cenizas podría haber paralizado el motor de los aviones, ya que la ceniza volcánica se funde  a temperaturas  de 800- 900º C, y en las turbinas de los aviones las temperaturas son más elevadas. De esta manera, la ceniza que penetra en las turbinas se fundiría y obstruiría el escape de los gases, lo que haría que el motor de los aviones se detuviera en pleno vuelo.

En los últimos años, en concreto desde 1998, el número de desastres naturales y su impacto se han visto aumentados en Europa, según un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente. Según indica este estudio, “entre 1998 y 2010 causaron cerca de 100.000 muertes, afectaron a más de once millones de personas y produjeron unas pérdidas económicas de unos 150.000 millones de euros. Las olas de calor, las inundaciones y los terremotos fueron las catástrofes naturales que más fallecidos y daños materiales causaron. España es uno de los países más dañados, con más de 15.000 fallecidos y algunos de los peores desastres ecológicos de Europa”.

Los responsables del estudio señalan que el aumento de las pérdidas se puede explicar en gran medida por el incremento de la actividad humana y la acumulación de bienes económicos en áreas de riesgo. No obstante, la mejora en la recogida de datos también ha tenido que ver, aunque en menor medida.

Además de terremotos o erupciones volcánicas, Europa ha sufrido en este periodo otros desastres naturales que repasaré brevemente:

Temperaturas extremas: es el evento natural que más muertos causó. En concreto, la ola de calor que afectó al sur del continente en verano de 2003 fue el peor desastre natural, con más de 70.000 muertos. Las 101 olas de calor provocaron un total de 77.551 fallecidos, y unas pérdidas de 9.962 mil millones de euros. Su frecuencia e intensidad han aumentado en la última década, y se estima que el cambio climático agravará estas cifras.

Inundaciones y tormentas: encabezan la clasificación de las mayores pérdidas económicas. Entre 1998 y 2009 se registraron 213 inundaciones, que provocaron 1.126 muertos y unas pérdidas de 52.172 mil millones de euros. Por su parte, las 155 tormentas contabilizadas causaron 729 muertos y 44.338 mil millones de euros de pérdidas materiales. El desastre natural que más pérdidas produjo en Europa fueron las inundaciones en su zona central en 2002: unos 20.000 millones de euros. El estudio recuerda las inundaciones en áreas de montaña, como la de 1996 en el camping de Biescas (Huesca), donde murieron 87 personas.

Incendios forestales: 191 personas fallecieron como consecuencia de los 35 grandes incendios registrados, que se tradujeron en 6.916 mil millones de euros de pérdidas. La mayor parte de ellos sucedieron en la Región Mediterránea. España fue uno de los países europeos más afectados: 50 muertos y algunos de los mayores incendios, como los de 2006 y 2007, que provocaron la quema de miles de hectáreas de bosques.

Derrames tóxicos por actividades mineras: se produjeron cuatro, dos de ellas con efectos muy graves para el medio ambiente. Es el caso de Baia Mare, en Rumanía, en el año 2000, y de Aznalcollar, en 1998, en el río Guadiamar, cercano al Espacio Natural de Doñana. En este último caso se derramaron cinco millones de metros cúbicos de líquido tóxico que afectó a 3.600 hectáreas de cultivos, y se recogieron 12 toneladas de peces muertos. Los costes de los trabajos de recuperación ascendieron a unos 377 millones de euros.

Mareas negras: durante el periodo estudiado se produjeron nueve derrames de petróleo de más de 700 toneladas de crudo en alta mar. Los dos mayores se encuentran entre las peores catástrofes ecológicas ocurridas en Europa en dichas fechas. Por un lado, el petrolero Prestige vertió en 2002 frente a la costa gallega unas 63.000 toneladas de crudo. Por otro lado, el Erika derramó en 1999 frente a la costa atlántica francesa unas 20.000 toneladas de crudo. Los responsables del estudio señalan que es muy difícil estimar los costes económicos de las mareas negras, con rangos por tonelada derramada que pueden oscilar entre los 500 a los 500.000 millones de euros. Lo que si es seguro es que este tipo de desastres conllevan graves consecuencias ecológicas. Asimismo, recuerdan que este tipo de accidentes ha descendido en los últimos años. La aplicación de una normativa más exigente, como la prohibición de los buques monocasco, habría contribuido a ello.

Escasez de agua y sequías: las presiones sobre los recursos hídricos en Europa han aumentado. España es uno de los países de Europa más afectados por este problema, en especial la parte sur. Asimismo, durante estos años se han registrado importantes sequías en Europa, como la de 2003, que afectó una amplia zona comprendida entre Portugal y Bulgaria.

Corrimientos de tierra: este desastre natural provocó 212 fallecidos, un problema agravado por la urbanización insostenible. En España, se estima que causó unas pérdidas de unos 170 millones de euros anuales.

Los responsables del estudio afirman que aunque se han adoptado diversas leyes y políticas europeas para hacer frente a estos desastres, reconocen que hace falta un mayor esfuerzo, así como la armonización de las distintas iniciativas puestas en marcha por cada país. En concreto, señalan la necesidad de implementar el denominado Sistema Integrado de Gestión de Riesgos, que incluye la prevención, preparación, respuesta y recuperación frente a los riesgos naturales en toda Europa.

Otra de las medidas necesarias pasa por una mayor inversión en estudios y sistemas de alerta y respuesta temprana que ayuden a prevenir y reducir los desastres y evaluar su impacto.

Para ir terminando, hablaré del que es considerado el peor desastre nuclear del mundo, según la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, y uno de los peores desastres medioambientales de la historia: el accidente de Chernobyl (Ucrania), que tuvo lugar el 26 de Abril de 1986.

Durante una prueba que simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de la potencia en uno de los reactores de la central nuclear, provocó el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, provocándose de esta manera la explosión del hidrógeno que acumulaba en su interior. La cantidad de materiales radiactivos y/o tóxicos liberados se calculó en unas 500veces más que los liberados por la bomba atómica arrojada en Hiroshima. De esta manera, se provocó la muerte directa de 31 personas, además de la evacuación de 116000, llevada a cabo por el gobierno soviético, el problema es que la radiación afectó a un radio mucho mayor que el de la zona evacuada. Además, como consecuencia del accidente, se activo una alarma internacional que afecto a 13 países europeos.

Después del accidente, se inició un proceso masivo de descontaminación, contención y mitigación que desempeñaron aproximadamente 600.000 personas, denominadas liquidadores, en las zonas circundantes al lugar del accidente y se aisló un área de 30 km de radio alrededor de la central nuclear conocida como” Zona de Alienación”, que sigue aún vigente.. Los trabajos de contención sobre el reactor afectado evitaron una segunda explosión de consecuencias dramáticas que podría haber dejado inhabitable a toda Europa.

Tras prolongadas negociaciones con el gobierno ucraniano, la comunidad internacional financió los costes del cierre definitivo de la central, completado en diciembre de 2000. Inmediatamente después del accidente se construyó un “sarcófago”, para aislar el exterior del interior, que se ha visto degradado en el tiempo por diversos fenómenos naturales por lo que corre riesgo de desplomarse. Desde 2004 se lleva a cabo la construcción de un nuevo sarcófago para el reactor.

El accidente de Chernobyl ha provocado graves consecuencias sobre la salud humana, aunque aun a día de hoy existe una enorme controversia sobre las estimaciones de las víctimas. Lo que sí está demostrado es que en la zona afectada ha habido innumerables muertes prematuras, en su mayoría por cánceres derivados de la enorme radiación a la que fueron expuestos. Además, varios estudios demuestran que, incluso en países cercanos a Ucrania se ha visto incrementado el número de personas que padece cáncer de tiroides.

Irene Cirvida Perdiguero